Al dejar de fumar, es frecuente el aumento de peso.
Una de las explicaciones más frecuentes es la derivada de la nicotina. La nicotina tiene efectos anorexígenos, es decir, inhibe el apetito y aumenta ligeramente el metabolismo. Por esta razón, muchas personas, cuando dejan de fumar, aumentan su sensación de hambre y también aumenta su peso.
En general, esto sucede más en las mujeres.
El consumo de tabaco provoca una secreción ácida en el estómago. Al dejar de fumar, los niveles de estas sustancias ácidas se normalizan y mejora el movimiento de las paredes intestinales, con lo que aumenta la absorción y asimilación de los alimentos.
Hay que tener en consideración que, al abandonar el tabaco, se obtiene de nuevo la capacidad de saborear los alimentos y que esto puede inducir a comer más.
Sin duda, la razón principal, en la mayor parte de los casos, es que la persona que está dejando de fumar sienta la necesidad de ocupar su boca de alguna manera. Y suele hacerlo con productos de elevado contenido calórico, como chicles, caramelos, frutos secos, etc.
Recomendamos que si se deja de fumar, se coma poco y frecuentemente. Para aumentar la sensación de saciedad, son preferibles las comidas calientes y alimentos que necesitan larga masticación. |